1. Cavitación (El «rompe grasa»): Utiliza ultrasonidos de baja frecuencia que generan microburbujas dentro de las células de grasa (adipocitos). Estas burbujas implosionan, rompiendo la membrana de la célula grasa y convirtiendo la grasa sólida en líquido.
- Objetivo principal: Eliminar grasa localizada difícil de quitar con dieta (abdomen, cartucheras, brazos).
- Resultado: Reducción de volumen y contorno.
2. Radiofrecuencia (El «tensor»): Aplica ondas electromagnéticas que generan calor profundo en la piel. Este calor estimula la creación de nuevo colágeno y elastina.
- Objetivo principal: Combatir la flacidez y las arrugas.
- Resultado: Piel más firme, tersa y rejuvenecida. Es el complemento ideal de la cavitación para que la piel no quede «suelta» al perder volumen.
3. Vacuum (El «drenaje»): Consiste en un sistema de succión o vacío que realiza un masaje profundo en los tejidos.
- Objetivo principal: Drenaje linfático y mejora de la circulación.
- Resultado: Ayuda a mover la grasa líquida (liberada por la cavitación) hacia los ganglios linfáticos para ser eliminada por la orina. Además, es excelente para reducir la celulitis (piel de naranja).
¿Cómo funcionan juntos? Es muy común usarlos en la misma sesión siguiendo este orden lógico:
- Cavitación: Rompe la grasa.
- Vacuum: Mueve esa grasa hacia los canales de eliminación y mejora la circulación.
- Radiofrecuencia: Tensa la piel para que el área tratada se vea firme.
Beneficios clave:
- Sin dolor: No requiere anestesia ni tiempo de recuperación.
- Resultados visibles: Se suelen notar cambios a partir de la 3° o 4° sesión.
- Moldeado total: Ataca grasa, flacidez y celulitis al mismo tiempo.






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